El ser verdadero interior

Los seres humanos tenemos dos polaridades: Por un lado la “conciencia social”, y por otro el “inconsciente colectivo”. Uno son los asuntos del mundo y el otro es la visión interior. Sin visión interior no hay una maduración psicológica real. Es bueno comprometerse con ideales justos y necesarios para el progreso del mundo. Lo trágico es cuando nos identificamos con la ideología, aunque sus razones puedan parecer muy verdaderas. Entonces el “yo” se vuelve pequeño en favor de la causa justa y necesaria. Así nos convertimos en extremistas radicales. Incluso estamos dispuestos a dar la vida por la causa. La causa es más importante que una insignificante vida. El “yo” ha perdido la profundidad de la visión interior, donde esta la verdadera grandeza del ser humano y sus experiencias sanadoras de transformación.

Como extremistas perdemos el equilibrio en esta lucha. En realidad luchamos con nosotros  mismos. Rechazamos  una parte muy importante de nosotros. Esta falta de visión equilibrada produce proyecciones en otros.  Necesitamos un enemigo a quien culpar. Con el tiempo se produce la enantiodromía, nos convertimos en aquello que más detestamos.

Necesitamos confiar en nosotros mismos, la revolución es hoy una revolución interior. Cambia tu primero y con tu felicidad desbordante influirás en el cambio de los demás. Para esto necesitas una relación con tu ser verdadero interior. Dentro de ti hay mucho más que la personalidad, más que los deseos, más que los sentimientos.  El ser verdadero te conecta con el universo. Te da un sentido a la existencia. Sacia la sed de conocimiento y despierta el amor al prójimo…

El Yoga establece la relación con tu ser verdadero. Ejercitamos el cuerpo, lo fortalecemos, así como abrimos los Chakras, entonamos Mantras que elevan la conciencia y encontramos paz interior. Nuestra conciencia tiene la voluntad necesaria y el inconsciente lo aprueba.

Yoga para tiempos de crisis

El Yoga es la relación con uno mismo. Somos algo más de lo que vemos a primera vista. Cultivando nuestro cuerpo, atendiendo sus necesidades y cuidados, obtenemos la felicidad de sentirnos bien con nosotros  mismos, felices de disfrutar de un cuerpo con salud. Partiendo de este estado de ánimo, podemos acceder a un vislumbre más amplio. Hay una felicidad más allá del ego y de sus intereses. Esa dicha abarca al universo entero. El Yoga es una práctica  ancestral para integrar las experiencias transcendentes en una vida dichosa, armónica y normal.